domingo, 27 de febrero de 2011

A veces se gana, a veces se pierde


Cuando André se bajó del metro, recibió la tan esperada llamada. El propietario del departamento que había visitado la semana pasada en Montmartre (y que tanto le había gustado) le llamaba para confirmar que el apartamento era suyo. Se quitó el guante para no entorpecer sus manos al momento de contestar (¿cuándo inventarán una opción "guantes" para los celulares con Touch Screen?). Ni André ni muchos otros vieron el guante arrinconado contra el muro. Sólo fue visto por una chica que se apuraba para alcanzar su cita con el médico, un sábado cualquiera antes del medio día.